NATURALEZA
Y ÉTICA EN ARISTÓTELES
LA CONCEPCIÓN DE LA NATURALEZA EN ARISTÓTELES
Aristóteles
llama “naturaleza” al principio que se encuentra en el interior
de los seres naturales, en su esencia, y que les lleva al movimiento
o al reposo, y distingue el movimiento natural, el que tiene una
sustancia por sus propiedades naturales, el movimiento artificial,
consecuencia del aprendizaje o de un agente externo, y el contrario a
la naturaleza o violento, cuando es contrario a lo que determina su
esencia. Establece también dos formas de ser: la más importante, el
ser en acto, la realidad del ser, y el ser en potencia o aquello que
aún no es pero a lo que apunta o tiende. La potencia puede ser
activa o poder para ejercer una transformación sobre algo, (las
potencias activas del alma o facultades, p. ej.) o pasiva o capacidad
para llegar a ser otra cosa. En cuanto a los tipos de cambio o
movimiento tenemos el sustancial, cuando desaparece una sustancia y
da lugar a otra, y el accidental (según la cualidad, la cantidad y
el lugar) cuando una sustancia se modifica en alguno de sus atributos
pero permanece siendo la misma. Todas las cosas perceptibles o
sensibles tienen la estructura acto y potencia y, dado que el
movimiento es el paso de la potencia al acto, a todas ellas les
corresponde el movimiento. La substancia es lo que permanece en el
cambio accidental, el ser independiente, lo que tiene su ser no en
otro sino en sí y es sujeto de propiedades o atributos. Distingue,
además, entre sustancias primeras, los sujetos individuales y con
existencia independiente, y las substancias segundas, los géneros y
las especies.
Causa
es todo aquello de lo que depende la existencia de un ente o de un
proceso, y puede ser material (de lo que esta hecho), formal (lo que
es), eficiente (aquello que lo ha producido) o final (para lo que
existe). Todos los seres sensibles se componen de materia y forma
(teoría hilemórfica). La materia es la realidad de la que está
hecha una cosa., y la forma sus rasgos característicos; Aristóteles
distingue la forma substancial de una cosa o esencia, y las formas
accidentales o propiedades de las puede prescindir sin sufrir una
modificación completa. En los seres vivos la forma substancial es el
alma (y el cuerpo la materia). El fin o causa final es la finalidad o
motivo de una acción, aquello en virtud de lo cual se hace algo.
Aristóteles defiende una concepción teleológica de la realidad:
las cosas del mundo, artificiales y naturales, y sus cambios, tienen
una finalidad (en las naturales, determinada por su forma o esencia).
Todas las cosas temporales y materiales (toda la Naturaleza) tienen
la estructura acto-potencia, por lo que están abocadas al cambio y a
la muerte; pero la Naturaleza no se puede explicar a partir de ella
misma sino de algo que está por encima, de Dios, que para
Aristóteles es un ser sin composición alguna, ni física ni
metafísica, es acto puro y pura forma, y eterno e inmutable. Dios es
también el Primer Motor, y, como tal, transmite el movimiento a
todas las cosas naturales y no es movido por nada.
LA
ANTROPOLOGÍA ARISTOTÉLICA (EL PROBLEMA DEL HOMBRE)
Aristóteles
defiende un dualismo antropológico moderado: el hombre consta de
cuerpo y alma, siendo el alma lo que nos caracteriza y distingue del
resto de seres naturales; pero el alma no es un principio opuesto ni
hostil al cuerpo. El alma es el principio de vida, aquello que se
encuentra en los seres vivos gracias a lo cual dichos seres son
capaces de realizar actividades vitales, diferenciándose así de los
seres puramente inertes. Puesto que el alma es principio de vida y
existen distintos niveles de vitalidad, habrá también distintas
almas o funciones del alma: la vegetativa, presente en las plantas,
los animales y los hombres, permite las actividades vitales más
básicas como la reproducción, el crecimiento y la nutrición; la
sensitiva se encuentra en los animales y los hombres, permite el
conocimiento inferior o sensible (la percepción), el apetito
inferior (los deseos y apetitos que tienen que ver con el cuerpo) y
el movimiento local; el alma intelectiva es la parte más elevada del
alma humana, no se encuentra ni en los vegetales ni en los animales y
gracias a ella el hombre posee las actividades vitales de la voluntad
o apetito superior y del intelecto o entendimiento. Una parte del
intelecto es el “entendimiento agente”, por el que pensamos,
captamos lo universal y alcanzamos la ciencia; de esta parte dirá
también que es radicalmente distinta a las otras pues es incorpórea
y por ello "separable" (es decir inmortal y eterna).
LA ÉTICA
ARISTOTÉLICA (EL PROBLEMA DE LA MORAL)
La
ética aristotélica es principalmente una teoría de la virtud. La
virtud es una "excelencia añadida a algo como perfección":
cuando una entidad realiza su fin o función propia, y de un modo
perfecto, entonces de dicha entidad decimos que es virtuosa o buena.
Los hábitos pueden ser malos (vicios), si nos alejan del
cumplimiento de nuestra naturaleza, y hábitos buenos o virtudes, si
con ellos cumplimos bien aquello a lo que apunta, su propósito.
Aristóteles divide la parte racional del alma en intelecto y
voluntad, por lo que podremos dividir también las virtudes del alma
en dos especies: las que perfeccionan el intelecto y las que
perfeccionan la voluntad.
Aristóteles
llama virtudes intelectuales o dianoéticas a la perfección de la
parte intelectual del alma, virtudes que se adquieren mediante la
instrucción, y son: respecto del conocimiento teórico, la ciencia o
aptitud para la demostración, la inteligencia o habilidad para
captar intuitivamente la verdad de los principios de las ciencias, y
la sabiduría o capacidad para alcanzar los últimos fundamentos de
la verdad, las cosas superiores y Dios. Respecto del conocimiento
práctico, el arte o técnica o habilidad para la creación y
modificación de las cosas, y la prudencia o saber distinguir los
medios para la realización de la felicidad y de la vida virtuosa.
Las virtudes morales son las perfecciones de la voluntad y del
carácter. La virtud moral se puede aprender, es un hábito, una
disposición consecuencia del ejercicio o repetición y por tanto de
la elección y la libertad; además, la virtud moral se realiza a
partir de lo que la razón enseña como bueno. La virtud consiste en
saber dar con el término medio entre dos extremos, que por ser tales
son vicios; distingue Aristóteles entre el “término medio en
relación a la cosa” o puramente matemático, que dista lo mismo de
los extremos, y es una sola e idéntica cosa para todos, y el término
medio respecto a nosotros, que es el adecuado para establecer lo que
es mucho o poco en asuntos relativos al bien humano; en este caso es
preciso atender a las circunstancias, al sujeto que realiza la
acción, sus necesidades y posibilidades; este término medio se
predica de las pasiones, los sentimientos y las acciones pues en
todos ellos caben el más y el menos, y ninguno de los dos está
bien. El término medio es lo que no sobra ni falta y no es único ni
igual para todos.
Aristóteles
defiende el “eudemonismo” pues identifica la felicidad
(eudaimonía) con el Sumo Bien. Todos los seres tienen fines,
definidos a partir de lo que son en acto, de su esencia, y a cuya
realización aspiran. Aristóteles defiende la existencia de un fin
final o perfecto (el querido por sí mismo) cuya realización es el
principal afán humano, al que llama felicidad. La que corresponde al
hombre sobreviene cuando realiza la actividad que le es más propia,
que será la actividad del alma más que la del cuerpo; y de las
actividades del alma con aquella ligada a la parte más típicamente
humana, el alma intelectiva o racional. Como en el alma intelectiva
encontramos el entendimiento o intelecto y la voluntad, y llamamos
virtud a la perfección de una disposición natural, la felicidad más
humana es la que corresponde a la vida teorética o de conocimiento
(por ello el hombre más feliz es el filósofo, y lo es cuando conoce
la realidad más perfecta, Dios), y a la vida virtuosa. Finalmente,
Aristóteles también acepta que para ser feliz es necesaria una
cantidad moderada de bienes exteriores y afectos humanos.
LA
POLÍTICA ARISTOTÉLICA (EL PROBLEMA DE LA SOCIEDAD)
Los
fines últimos del hombre (el bien y la felicidad) únicamente se
alcanzan de modo adecuado en sociedad. La disposición humana a vivir
en sociedad es una consecuencia de su propia esencia, pues el hombre
es un ser social por naturaleza: los hombres necesitamos de la
sociedad para realizar las actividades que nos son propias y que
constituyen nuestros fines y perfección. La ciudad (polis) o
comunidad es un fin natural del ser humano: puesto que la naturaleza
no hace nada en vano, y a los seres humanos nos ha dado el lenguaje,
éste ha de tener un fin: su fin es posibilitar la comunicación,
facilitarnos la convivencia al permitirnos expresar lo justo y lo
injusto, el bien y el mal, y el ámbito en el que es posible
desarrollar estas cosas es la ciudad. Además, la ciudad (o Estado)
es anterior por naturaleza al individuo, como el todo es anterior a
la parte, o el cuerpo a la mano: el individuo no se basta a sí mismo
y puede desarrollarse sólo en el ámbito de la sociedad, la polis,
como la mano puede ser tal sólo cuando está en un cuerpo. Para
Aristóteles la ciudadanía, el derecho a participar en el gobierno
de la ciudad, está ligado a la posibilidad del ejercicio de la
razón. Por naturaleza tienen derecho a gobernarse a sí mismos los
seres racionales; este es el caso de los varones libres, pero no de
la mujer, que no posee de verdad la razón, ni tampoco de aquellos
hombres que por naturaleza son esclavos. Es también la naturaleza la
que establece las distintas formas de convivencia: la familia,
primera comunidad natural, tiene como propósito la procreación y
procurar los bienes básicos de subsistencia; pero dado que la
familia no es totalmente autosuficiente, necesita de la asociación
con otras, lo que dará lugar al municipio o aldea; y para la vida
más elevada, la forma social natural superior, al Estado. El Estado,
sus leyes e instituciones, permite la vida humana plena, por lo que
tiene primacía sobre el individuo y la familia. El Estado se puede
organizar de formas diferentes y tener distintas "constituciones":
el gobierno puede estar en manos de un solo hombre, de unos pocos o
de la mayor parte de los hombres; las constituciones legítimas, pues
buscan el bien común, son la monarquía, la aristocracia y la
república (politeia), o gobierno de la mayoría dotada de
recursos económicos, la clase media, y las ilegítimas sus
degeneraciones: tiranía, oligarquía y democracia (entendida como
demagogia).
No hay comentarios:
Publicar un comentario